Procuro agradecer a Dios todas las noches. Encontrar algo bueno cada día, aunque me sienta de la fregada, aunque solo tenga que agradecer el estar viva y tratar de hacer la diferencia. Él nunca me deja sola.
La crisis económica por la cual atravieso no se dió de la noche a la mañana. Inició hace varios meses hasta que hace un par de semanas se volvió insostenible, pero cada mes en la semana de pagos (la semana del día 15, donde tenía que pagar la renta, el teléfono y viene un proveedor de Morelos) algo pasaba, cualquier cosa y la libraba con bastante decencia. Debo aclarar, sin embargo que no soy una fanática que se empeña en rezar en una casa incendiándose esperando que Dios haga llover.
Todavía sobrevivo y confío plenamente en mi capacidad para salir adelante y sobre todo en Dios que jamás me ha abandonado. He dormido en casas ajenas porque no he tenido dónde dormir, he comido bolillos duros con puré de papa aguado, pero nunca he perdido la fé y nunca me ha faltado techo y sustento. Confieso que a veces flaqueo, pero entonces llegan las señales y no me queda más remedio que aceptar que todo está dentro de un plan y no hay por qué dudar que todo irá para mejor.
Si hace unos cinco años hubiera sabido que terminaría escribiendo (y creyendo) de esta forma probablemente me acribillaría a mi misma en insultos y de tonta no me bajaría. Pero mi vida ha tomado un camino distinto a lo que alguna vez imaginé y ahora sé que sería muy tonto no reconocer a Dios y que todo sucede por algo y sobre todo que las coincidencias no existen.
Hace algunos años las mariposas me salvaron, literalmente. Quedé convencida que serían una señal de Dios. Un amigo, que en ese entonces tachaba de tonto, afirmaba cada vez que veía una que eran presencia de Dios. No mames, wey, decíale. Y el fin de semana ví Soy Leyenda, del papacito Will Smith (quedé en un estado anímico tan delicado que cuando noté que un cactus se pudrió por exceso de agua casi lloro) y hoy mi gato me trajo cuatro mariposas idénticas y esta mañana apareció una en mi cuarto, pequeña, delicada.
Es difícil, pero sé que todo va a ir a mejor, que todo esto se va a resolver de la mejor manera, que voy a salir adelante porque... sencillamente no me queda de otra. Ni modo que me tire al drama o en la calle a pedir monedas. Pos cómo.
La crisis económica por la cual atravieso no se dió de la noche a la mañana. Inició hace varios meses hasta que hace un par de semanas se volvió insostenible, pero cada mes en la semana de pagos (la semana del día 15, donde tenía que pagar la renta, el teléfono y viene un proveedor de Morelos) algo pasaba, cualquier cosa y la libraba con bastante decencia. Debo aclarar, sin embargo que no soy una fanática que se empeña en rezar en una casa incendiándose esperando que Dios haga llover.
Todavía sobrevivo y confío plenamente en mi capacidad para salir adelante y sobre todo en Dios que jamás me ha abandonado. He dormido en casas ajenas porque no he tenido dónde dormir, he comido bolillos duros con puré de papa aguado, pero nunca he perdido la fé y nunca me ha faltado techo y sustento. Confieso que a veces flaqueo, pero entonces llegan las señales y no me queda más remedio que aceptar que todo está dentro de un plan y no hay por qué dudar que todo irá para mejor.
Si hace unos cinco años hubiera sabido que terminaría escribiendo (y creyendo) de esta forma probablemente me acribillaría a mi misma en insultos y de tonta no me bajaría. Pero mi vida ha tomado un camino distinto a lo que alguna vez imaginé y ahora sé que sería muy tonto no reconocer a Dios y que todo sucede por algo y sobre todo que las coincidencias no existen.
Hace algunos años las mariposas me salvaron, literalmente. Quedé convencida que serían una señal de Dios. Un amigo, que en ese entonces tachaba de tonto, afirmaba cada vez que veía una que eran presencia de Dios. No mames, wey, decíale. Y el fin de semana ví Soy Leyenda, del papacito Will Smith (quedé en un estado anímico tan delicado que cuando noté que un cactus se pudrió por exceso de agua casi lloro) y hoy mi gato me trajo cuatro mariposas idénticas y esta mañana apareció una en mi cuarto, pequeña, delicada.
Es difícil, pero sé que todo va a ir a mejor, que todo esto se va a resolver de la mejor manera, que voy a salir adelante porque... sencillamente no me queda de otra. Ni modo que me tire al drama o en la calle a pedir monedas. Pos cómo.


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