Preparé con mi madre una paella exquisita. Vinieron Eduardo, Raúl y Matilde. Muy lindo todo. Terminamos cantando California Dreamin, de The Mamas & The Papas. Los últimos me regalaron un bolso y unas sandalias.
Habitualmente me pongo nerviosa de ser el centro de atención. Abrazar gente, recibir regalos, de todas maneras poner cara de que me gusta, que me cante un montón de gente. Eso, sumado a las luces, puede provocar que se me dilate la pupila, me salga lo salvaje y trepe por las cortinas mostrando los dientes.
Me hablaron un par de personas que de no hacerlo me hubiera sentido decepcionada. Aún así faltaron dos. ¿Qué les habrá sucedido? Todos los años me felicitaban.
Ya tengo 22 años y preferí un litro de helado a 900 mililitros de vino, qué se le va a hacer.


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